Muchas son las historias que se han conocido a través de los tiempos en
los que los protagonistas suelen ser los vivos y también los muertos y
este episodio que tuvo lugar en Sry Lanka (ex Ceylán), al este de la
India, se encuadra entre lo trágico y lo risueño.
Ocurre que dos soldados formaban parte de un cuerpo
militar en el que se produjeron varias bajas por un accidente, a raíz
del cual unos cuantos muertos no pudieron ser convenientemente
identificados y así los entregaron a sus familiares.
Quiso el destino que estos dos ciudadanos hubieran
conseguido un permiso especial y a la hora del accidente estuvieran
fuera del cuartel. Dispuestos a aprovechar el franco otorgado rumbearon
para su casa y al llegar a su pueblo se dieron con que todo estaba
cerrado y la gente estaba asistiendo masivamente "al velatorio de
dos soldados muertos en un accidente". ¿Cuál sería la sorpresa
de sus familiares, amigos y vecinos al verlos llegar?, ya que "los
difuntos que estaban velando eran, precisamente, ellos dos".
Costó salir del estupor y la sorpresa, pero la
alegría desalojó a la congoja y los "resucitados" aseguran
que, de ahora en más, siempre avisarán hacia dónde se dirigen y se
asegurarán de que los estén esperando... vivos.
Creyó ver un
"resucitado" dentro de un ataúd, cayó a tierra y sufrió
graves lesiones.
Ocurrió la segunda semana de junio de este año 2000
en la provincia de Santiago del Estero, en polvorientos caminos por
donde circulan colectivos interurbanos que se llenan de pasajeros y, de
paso, llevan todo tipo de encomiendas y hasta aves de corral, cuando es
necesario, sobre su techo. Alguna vez le añaden algún carrito para
completar cargas.
Esta vez la cosa fue con un ataúd que transportaba
en el departamento Figueroa, distante unos 220 kilómetros de la capital
provincial. A pedido de una empresa funeraria del lugar; la empresa
accedió a llevar un féretro y, como no cabía en la bodega, lo
cargaron sobre el techo dentro de un portaequipajes en el que
habitualmente se colocan valijas y hasta instrumentos musicales.
Cuando el colectivo llegó al paraje conocido como
Tala Pujio, un agricultor esperaba poder subir al micro, pero estaba
repleto y no cabía una sola persona más. Así fue como, ante la
necesidad imperiosa de viajar, pidió que le aceptaran hacerlo en el
techo. Como hacía frío y al ver el ataúd, no dudó un instante en
ponerse "el sobretodo de madera" y se introdujo
horizontalmente en el mismo.
Unos kilómetros más adelante, otro paisano llamado
Mario Paz, de 25 años de edad, también esperaba el ómnibus y tuvo
igual destino: el techo. A poco de andar, observó con gran sorpresa que
la tapa del ataúd comenzaba a levantarse y en su interior un cuerpo se
movía lentamente al tiempo que el inesperado compañero de viaje le
preguntaba: "¿hace frío, don?"
Ante tamaña sorpresa, Paz ya no tuvo paz y se
precipitó a tierra, o, más bien, blanco por el susto, trato de huir
del lugar y cayó pesadamente al camino.
Consecuencia; se fracturó un brazo, una pierna y
sufrió otras lesiones de consideración que determinaron un tiempo de
curación que los médicos estimaron en 60 días.
De hoy en más, Paz creerá, tal vez, en la cábala
del 48 ("el muerto que habla") o, en todo caso, empezará un
curso de saltos y caídas para evitar consecuencias desagradables en
situaciones imprevisibles como la que le toco vivir.
Qué siga el espectáculo, caprichoso y excesivo. Se aplicó lo
mismo a Manfred Langer como el trabajo de su vida: la discoteca IT en
Amsterdam.
Durante casi seis años en que Langer estuvo a cargo,
la discoteca se transformó en un conocido centro internacional de
diversión con los homosexuales y figuras del mundo del espectáculo.
Manfred Langer falleció el 21 de noviembre de 1994 a los cuarenta y dos
años. Su funeral fue registrado con todo detalle y fue un suceso
periodístico cuatro días después. Dicho funeral no tenía nada de
triste sino una gran fiesta con el estilo de IT. Con un ataúd rosado en
una limosina rosada, globos y cobertores también rosados, comidas y
bebidas.
Observado por cientos de hombres curiosos se
conmemoró a Langer en la capital con discursos y música popular en
vivo. Seguidamente el variado cortejo se marchó al cementerio de
Zorgvlied donde Langer tuvo una última sorpresa. Después que el ataúd
bajó en la fosa, se pidió a los invitados proponer un último brindis
por él. Las botellitas vacías se depositaron sobre el ataúd mismo.
Incluso algunos vagabundos también aprovechaban agradecidamente el
ofrecimiento de bebidas alcohólicas para incrementar sus propias
existencias. Actualmente, en el lugar de la tumba se levanta una imagen
en la que Langer está representado en su pose favorita: en una mano un
cigarrillo y en la otra una copa de "champán".