El Adiós - Cementerio Virtual -

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Cartelera Fecha

 

Antiguos Ritos Funerarios en Guatemala.

Guatemala es tierra de rica naturaleza, extraordinarios paisajes y gran pasado histórico, pero sobre todo lo que la distingue es el hecho de hallarse reunidos tantos dones en un territorio tan pequeño. Sus ciudades TIKAL y ANTIGUA son ejemplos de los niveles de esplendor que alcanzaron las dos culturas sucesivas que legaron su maravilloso acervo a la nación guatemalteca. Se hallan testimonios por doquier de lo que fue una de las más extraordinarias culturas precolombinas, la cultura maya. Casi en el centro del continente, limita al Norte y al Oeste con Méjico, por el Nordeste con el Mar Caribe, al Este con Honduras y El Salvador y al Sur con el Océano Pacífico. A la llegada de los españoles la cultura Maya se extendía desde Inca.jpg (9533 bytes)la que es hoy República de Guatemala, El Salvador, Honduras así como los territorios que actualmente comprenden los estados mejicanos de Socomuseo, Chiapas, Tabasco y Yucatán, además de Belice. En 1838 declararon su independencia de modo que, tanto Guatemala como El Salvador, Honduras, Costa Rica y Nicaragua se constituyeron en repúblicas independientes.

En un valle rodeado de verdes colinas y suaves montañas se levanta su Capital, Guatemala moderna, próspera, con hermosos edificios, anchas avenidas y bellísimos paisajes, constituyendo una metrópoli de intensa vida comercial y cultural.

Está rodeada de pintorescas poblaciones indígenas, cuyos habitantes conservan la tradición en sus vestimentas y costumbres.

El Quetzal que figura en el escudo de la Nación y que constituye su representación simbólica, es una rara y bellísima ave propia del lugar, de brillante plumaje azul, rojo y verde, tan amante de la libertad que muere cuando entra en cautiverio.

El viejo Imperio Maya:

Cientos de años antes que Colón descubriese el Nuevo Mundo, existían muchas naciones indígenas diferentes en América. Mientras algunas eran salvajes y primitivas, otras habían desarrollado importantes civilizaciones. De donde procedieron los mayas es aún hoy un misterio. Ellos pueden haber sido los primeros americanos reales. La primera fecha conocida en América noviembre 4, 291 años antes de Cristo, fue encontrada sobre un altar maya.

Esta civilización indígena americana era ya vieja cuando Cristo nació. Los Mayas han tenido grandes artistas, arquitectos, astrónomos y científicos, en las épocas que Europa se debatía a través del oscurantismo. Como consecuencia del aislamiento del país maya, rodeado por tres lados por vastos depósitos de agua y circundado por el lado restante por la elevada cordillera, desarrollaron su incomparable civilización sin influencia alguna del mundo exterior. Su origen y florecimiento se debió al genio propio del pueblo maya, estimulado y producido por el ambiente abundante y feliz en que tuvo la fortuna de vivir.

Bien llamados los Griegos del Nuevo Mundo ya que constituían un pueblo inteligente y altamente artístico que desarrollaron la cultura, la pintura, la astronomía (tenían un calendario de 365 días, divididos en 18 meses de 20 días y un mes fraccionado de cinco días en lugar de nuestro año bisiesto) la arquitectura y otras ciencias y artes a un grado altamente destacable. chitzen.jpg (5556 bytes)Además de ser expertos constructores, existen razones para creer que fueron un pacífico y religioso pueblo de agricultores y comerciantes; el arte de los mayas no muestra escenas de guerra, de muerte o destrucción. Ellos tenían una gran flota de canoas para comerciar con las otras naciones del área del Caribe. Eran más gente de ciudad que gente de campo. Las ciudades consistían de una gran cantidad de plazas, en cuyo centro estaba el templo principal construido con piedras en forma de pirámide.

Había otros templos pequeños diseminados. Alrededor del templo principal en escuadras geométricas había calles estrechas con viviendas ovaladas con techos de caña y palmera barbada, luego venían los milpas o campos de maíz o rodeando todo esto, la densa, impenetrable jungla, Una de las más importantes partes de la ciudad la constituían las canchas de pelota que eran más grandes que una cancha de tenis y de forma rectangular.

La cancha de Copán (Honduras) es un gran anfiteatro rodeado por filas de asientos de piedra para los espectadores. El juego de pelota que jugaban los mayas, fue quizás la primera manifestación del fútbol. Constituía el juego nacional, era de carácter ritual y simbolizaba el paso del sol a través del cielo. Usaban una pelota de goma tan grande como una de baseball, la que no podían tocar con las manos pero sí golpearla con el cuerpo. A la llegada de los españoles, en el corazón de la tierra maya, existían desde 800 años antes numerosas bibliotecas de piedra que estaban a cargo de los sacerdotes y que guardaban cientos de libros de hojas plegadas o encuadradas, en los que estaba registrado el paso del tiempo y el relato de los elementos que había posibilitado una evolución social semejante o superior a la europea de esa época.

Los sacerdotes españoles, sin llegar a descifrar qué contenían estos libros y considerándolos cosas del "demonio", ordenaron quemarlos en una inmensa hoguera por orden del arzobispo Diego de Landa, desapareciendo así las tres cuartas partes de la historia americana, lo cual fue una barbaridad.

Solo pudieron salvarse tres de los códices mayas; uno de ellos el Troano Cartesiano que contenía material para adivinación, se encuentra actualmente en el Museo de Arqueología de Madrid. Fue escrito hace 3500 años y se relatan en él las dramáticas alternativas de la desaparición de un continente con su preciosa carga de 64 millones de seres.

Otro de estos códices, el Dresdensis que contiene importantes informaciones astronómicas, se encuentra en la Ciudad de Dresden (Alemania) y, el tercero, el Peresiano con instrucciones acerca del ritual está en la biblioteca de París.

El Popol Vüh -La Biblia Maya o manuscrito de Chichicastenango- ha recogido la tradición mítica y religiosa de los pueblos antiguos cuya poderosa civilización asombra a los investigadores modernos. Documentos como el mencionado, los de Chilam Balam, como los anales de los CAKCHIQUELES presentan una profundidad filosófica y cosmogónica equiparables a la de cualquiera de las civilizaciones más viejas del planeta y evidencian una antigüedad superior o igual a aquellas.

El período clásico maya se extiende entre los años 300 y 900 de nuestra era y corresponde al máximo desarrollo y perfección. Por razones aún raras, tras un siglo de estudios arqueológicos y antropológicos, esta magnífica civilización se derrumbó y los mayas emigraron al norte del YUCATAN y a otras regiones, estableciendo así el NUEVO IMPERIO. Fue el fin de una cultura pero no la liquidación total, ya que sus descendientes, los mayas, quienes viven aún en Méjico y Centroamérica, especialmente en Guatemala, en número de 1.400.000. (En el territorio de Belice, donde hoy apenas viven una docena de miles de personas vivían, en tiempos brillantes de la civilización Maya, más de doce millones).

Religión y Deidades:

En un principio eran un pueblo nómade de cazadores y pescadores divididos en tres ramas, los Quiché, los Cakchiqueles y los Zutuhiles, que se establecieron en los alrededores del lago Atitlán y se fusionaron posteriormente, al trasladarse al YUCATAN con los Toltecas y los Nahuas. El Júpiter Maya era Itzamná o Zamúa, hijo de la pareja urano-terráquea Hunabku (único Dios), supremo creador del universo y de Ixaluch, madre de los Dioses. Este Dios creador estaba tan lejos y por encima de los mortales, tan alejado de la vida, que figuró muy poco en la vida del pueblo. A su paso por la tierra Itzamná fundó diversas ciudades y las dividió entre sus adoradores, que le erigieron un templo en Itzarnal, donde lo representan en forma de una mano. Otra leyenda dice que un día apareció por el Oeste seguido por 19 Dioses secundarios un Dios llamado Cukulcán que se estableció en Chichen Itza donde reino 10 años al final de los cuales desapareció misteriosamente después de haber dictado sabias leyes al país.

Los mayas al igual que los aztecas creían que habían existido varios mundos antes del actual, y que cada uno había sido destruido por un diluvio. Conocían tres mundos antes del presente. El primero estaba habitado por enanos que, se cree, fueron los constructores de las ciudades arruinadas. Esto fue hecho en la oscuridad porque el sol no había sido creado todavía. Cuando salió el sol los enanos fueron convertidos en piedra y sus imágenes se ven en las ciudades. El primer mundo terminó con un diluvio universal. El segundo mundo fue habitado por "transgresores" y terminó con un segundo diluvio. El tercero fue poblado por los mayas, este mundo se destruyó por una tercera inundación. Después vino el actual o cuarto mundo poblado por una mezcla de todos los habitantes de la península y éste también sería destruido por un diluvio. Concebían al mundo compuesto de trece cielos dispuestos en capas, siendo la tierra la más baja de todas, presidida cada una por uno de trece Dioses. Además, había nueve mundos inferiores, dispuestos también en capas, gobernados también por su Dios especial. El noveno o más bajo de estos mundos era NIITNAL gobernado por AH PUCH, el Señor de la Muerte.

Eran muy supersticiosos. Creían en el poder de los números de los cuales el nueve era especialmente afortunado, tal vez porque lo asociaban a los nueve escalones que conducen al antiguo paraíso maya y porque eran nueve los dioses de las regiones infernales.

Durante los tres, cuatro o quizás cinco mil años transcurridos desde que los mayas cambiaron su vida errante por la vida sedentaria basada en la agricultura, su religión sufrió las alteraciones correspondientes. Es probable que la religión de aquellas gentes haya sido el culto sencillo de la naturaleza; el sol, la luna, la lluvia, el rayo, el viento, las montañas, llanuras. selvas, ríos y cascadas. Cada jefe de familia era al mismo tiempo padre y sacerdote de la misma. Más tarde surgió la necesidad de levantar santuarios formales y se crió un sacerdocio que debía interpretar ante el pueblo la voluntad divina.

Después, de la introducción del calendario, la cronología y la escritura jeroglífica, - invenciones todas de los sacerdotes - la religión maya sufrió importantes modificaciones. Fue tomando forma poco a poco una filosofía teológica, elaborada alrededor de la importancia de las observaciones astronómicas y el desarrollo del calendario, cronología y deidades asociadas. Este último cambio se produjo a principio del siglo III antes de Cristo.

Algo fundamentalmente importante, que podemos considerar nada menos que como el nacimiento de la civilización maya, tuvo lugar en el norte y centro del Petén en una época comprendida entre tres o cuatro siglos que precedieron al principio de la era cristiana. El hecho que estas innovaciones hayan aparecido por primera vez en el propio centro de la vasta región del posterior Viejo Imperio Maya, o que estas hayan sido una manifestación central y no periférica, indica que tuvieron su origen en los sitios en donde se han encontrado indicios de mayor antigüedad, Uaxactún o Tikal. La religión Maya se había convertido en un culto muy desarrollado, concebido alrededor de la deificación de los cuerpos celestes. Aún cuando estaba difundida entre el pueblo, era una religión esotérica, interpretada por un sacerdocio organizado y compuesto (de astrónomos, matemáticos, profetas y maestros del ritual). La religión en este período debe haber sido una fe augusta y majestuosa y no degradada, como lo fue posteriormente, por sacrificios humanos.

Así como el Viejo Imperio fue la edad de oro de la cultura maya fue también el período más noble de la religión, antes de que las creencias y prácticas de ésta última hubieran descendido a la categoría de orgías de sangre. Gran número de españoles del siglo XVI, afirman de manera terminante que los mejicanos introdujeron la idolatría, concepto con el cual quisieron abarcar también los sacrificios humanos. La cantidad de gente sacrificada era muy considerable. El Dios de la muerte AH PUCH estaba representado por una calavera en lugar de cabeza y 103 huesos del esqueleto se veían a través del cuerpo, o si su cuerpo estaba cubierto de carne, ésta se veía hinchada y cubierta de círculos negros que sugerían la decoloración del cuerpo debido a la descomposición, con cascabeles como ornamentos, iba acompañado por el perro, el ave Moán y la lechuza, considerados los tres como criaturas de mal agüero.

La religión maya sufrió su último cambio cuando a mediados del siglo XVI los españoles impusieron por la fuerza su religión en lugar de las antiguas creencias y prácticas idolátricas. Es curioso observar, sin embargo, que lo poco que ha sobrevivido de aquella antigua fe no es la doctrina de la clase sacerdotal, el culto esotérico de los dioses astronómicos, sino el culto sencillo de la naturaleza, los Chaces, o dioses de la lluvia y la Fertilidad, los alux o gente menuda de los campos de maíz, especie de duendes que a pesar de su travesura son, por lo general, seres bien dispuestos para la humanidad, las ixtabal o sirenas malignas, que de día son yaxche o ceibas del bosque, pero de noche se transforman en hermosas mujeres que atraen a los hombres y los llevan a perecer. Las creencias domésticas de la gente del pueblo han sobrevivido hasta nuestros días, mientras que los dioses más caracterizados (de invención sacerdotal) han caído en el olvido.

Este hecho no debe extrañar, ya que fue sobre el viejo sacerdocio pagano donde se hizo sentir con fuerza el peso de la conquista a. Los ministros cristianos resolvieron que los Sacerdotes indígenas debían abandonar sus antiguas creencias o ser exterminados. Con ellos se hundió la vieja religión. Los restos que se han salvado, tal como los encontramos en la actualidad, son una mezcla abigarrada de los santos católicos y las deidades paganas. En Yucatán el Arcángel Gabriel y otros santos cristianos se convierten en los Pauahtunes de la antigua mitología maya, los guardianes de los cuatro untos cardinales, el Arcángel Miguel dirige a los Chales, los viejos dioses le la lluvia. En Belice es San Vicente el patrón de la lluvia y San José el espíritu protector de los maizales. Por aquí y por allá se conservaron los fragmentos de la vieja religión, confundiéndose gradualmente, con elementos tomados de sus conquistadores.

Creencias sobre La Muerte:

El folklore maya actual es el resultado de una fusión inconsciente de dos grupos de ideas; los animales indígenas de los mayas, los espíritus y hasta los dioses, viven ahora en amistosas relaciones naturales con los animales, espíritus y santos de sus conquistadores, los que, en realidad, se han convertido en hermanos consanguíneos de los vencidos.

Los mayas y los quichés creían en la vida futura y en la recompensa o castigo. La muerte según sus acciones fueran buenas o malas era sólo por cuatro años, al final de los cuales el alma volvía al cuerpo para animarlo y emprender una segunda vida. Durante este corto período, el alma de los niños iba a Chichiuacauheo; la de aquellos que morían trágicamente, especialmente la de los ahorcados, a una especie de paraíso al que eran conducidos por Ixtab Diosa del suicidio, ya que los antiguos mayas creían que los suicidas iban al paraíso; la de los muertos en la guerra o prisioneros a Iljuicatls-Tonatiug; y a las heladas regiones del Mitlán o a las sombrías del Xibalba, la de los mayas o quichés, respectivamente que morían de muerte natural. Para llegar a estas regiones, los muertos, exceptuando los niños, tenían que atravesar el caudaloso río ApanNuiaó en espera de su fuga, alejamiento y regreso a la vida.

La eterna lucha entre el bien y el mal traía aparejada, en este caso, las creencias y el culto de divinidades buenas y malas encargadas de fomentar y contrarrestar constantemente el espíritu que las animaba, ya para sostener el equilibrio del Universo y de todo lo creado, ya para destruirlo y perturbarle.

Enfermedad - Muerte, - Sepultura y La Vida de Ultratumba.

Cuando un hombre caía enfermo llamaba al sacerdote, al curandero o a un hechicero. Combinando sus oraciones con ciertas ceremonias especiales, sangrías de las partes enfermas y la administración de hierbas indígenas, el curandero, curaba o mataba a sus pacientes y su reputación como médico dependía del predominio de uno u otro resultado.

Como tenían la suerte de poseer muchas hierbas y plantas medicinales, tenían una extensa farmacopea a su disposición. Varios de los manuscritos del siglo XVII que han llegado hasta nosotros contienen la nómina de muchas enfermedades de que adolecían los indios y de los respectivos remedios, algunos de los cuales son de mérito innegable. Es verdad que muchos de ellos huelen a la "superstición medieval europea" mezclada con la magia pagana maya, como por ejemplo el siguiente remedio para el dolor de muela: "Se toma el pico de un pájaro carpintero y se sangran un poco las encías con él, si se trata de un hombre, trece veces, y si de una mujer, nueve veces. La encía debe ser herida ligeramente por el pico del carpintero. Se toma además una parte de un árbol herido por el rayo, se raspa con una espina de pescado se envuelve en algodón. Encendida se aplica sobre el diente. Por este medio sanará".

Los números trece y nueve son los más sagrados entre los antiguos mayas; el primero corresponde al número de los Dioses del Cielo y el segundo al de los dioses de las Regiones infernales. Por otra parte algunas de las plantas indígenas poseen verdaderas propiedades medicinales.

Los mayas creían que por el pecado les venían muertes, enfermedades y tormentos. Cuando enfermaban tenían por costumbre confesarse, para así mitigar el mal.

Miedo a La Muerte.

Tenían gran miedo a la muerte, y cuando ésta llegaba su dolor era excesivo Todos los servicios que hacían a sus dioses no eran para otro fin sino para que les diese salud y vida. Pero cuando morían eran tremendas las explosiones de lástima y llantos que hacían por sus difuntos y la tristeza grande que les causaba. Los lloraban de día en silencio y de noche a altos y muy dolorosos gritos que daba lástima oírlos. Andaban tristes muchos días. Hacían abstinencia y ayunos por el difunto, en especial si se trataba del marido o de la esposa y decían que se los había llevado el diablo, ya que pensaban que de él les venían todos los males y en especial la muerte.

Tan pronto como acaecía la muerte, envolvían al cuerpo en una mortaja y le llenaban la boca de maíz molido (koyem en maya) y una o más cuentas de jade' 61 "de las que tienen por moneda para que en la otra vida no les faltase de comer".

La gente pobre era enterrada bajo el piso de su casa o atrás de ella. Generalmente se abandonaban las casas de palos y paja de los pobres después de una muerte, por el gran miedo que ésta les inspiraba, a menos que hubiera cierto número de gente en la familia. En la tumba echaban también ídolos, probablemente figurillas de barro, madera o piedra, así como algunos objetos que indicaban la profesión u oficio del difunto; algunos de sus libros, o sean los códices jeroglíficos, si se trataba de un sacerdote; si se trataba de un hechicero; echaban en la tumba algunas de las piedras mágicas que usaba en sus sortilegios; si era un cazador, su arco y sus flechas; y si un pescador, sus anzuelos, redes y arpones. En algunas tumbas se hallaron restos de perro, ya que pensaban que éste ayudaría a su amo a pasar un ancho río que cerraba la entrada al otro mundo. Todavía hoy, los Lacandones de Chispas grupo supérstite maya- ponen un perrito hecho de hojas de palmera en la esquina del montículo que recibe la sepultura, esperando que sirva de guardián y de acompañante en el viaje al más allá.

En las aldeas más remotas se conserva el recuerdo de una extraña costumbre funeraria, que debe haber sido muy común en tiempos pasados. Se llama el bool kebán o antah bool cipü -"ayuda en el pago del pecado"- y es, en efecto, una participación simbólica en los pecados del difunto por sus parientes y amigos sobrevivientes.

Esa ceremonia de limpieza espiritual se efectuaba por medio de los siguientes ritos: colocaban al muerto en una tina largo de madera y lavaban el cuerpo con atole, una bebida caliente hecha de maíz molido; este acto era un lavado simbólico de las culpas del difunto. El "atole" se distribuía enseguida entre los miembros de la familia y amigos, cada uno de los cuales tomaba una porción del mismo, asumiendo de esta manera una parte de los pecados del muerto y ayudando a su alma a entrar en el paraíso.

Costumbres funerarias:

Las costumbres funerarias de las clases dirigentes eran naturalmente más complicadas. Los cadáveres de los nobles y personas de mucha valía, eran quemados poniendo sus cenizas en grandes vasijas y encima de ellas edificaban templos. Se han encontrado tumbas importantes en pequeñas bóvedas funerarias, revestidas de piedra, con techos típicos de arcos de piedras saledizas, construidas inmediatamente debajo del piso de las plazas. La mayor parte de estos entierros en el suelo de las pirámides y plazas estaban acompañados con adornos mortuorios mas o menos trabajados, en algunos casos vasijas de barro exquisitamente pintadas, cuentas v pendientes de jade labrados, objetos decorados y astillados de pedernal y obsidiana; y en la tumba del Gran Sacerdote de Chichen Itzá se encontraron hasta perlas de baja calidad.

Otra costumbre funeraria, era la de guardar las cenizas de los muertos en estatuas vacías hechas de madera o de barro. Si se trataba de una estatua de madera se procuraba que se pareciera al difunto. La parte de atrás de la cabeza de la estatua, se dejaba hueca y allí se colocaban las cenizas de una parte del cuerpo incinerado. La abertura se sellaba con piel arrancada del colodrillo y el resto del cuerpo se enterraba. Estas estatuas y urnas para guardar las cenizas de los muertos se conservaban con gran veneración entre los ídolos de la familia.

Entre los Cocomes, la casa reinante de Mayapán, existía una costumbre funeraria muy peculiar. Los cuerpos de los señores Cocomes que morían, eran hervidos hasta que las partes carnosas se pudieran separar de los huesos. Aserraban la mitad posterior de la cabeza, dejando intacta, la mitad anterior o sea el fondo huesoso de la cara. Enseguida, en el lugar donde habían existido las partes carnosas, hacía una cara nueva, valiéndose de una especie de resina de modo que pareciera el rostro del hombre a quien había pertenecido la calavera. Conservaban esas caras restauradas junto con las efigies de madera mencionadas anteriormente, en los oratorias de sus casas, al lado de los ídolos de la familia; las tenían en gran respeto v veneración y en días de fiestas les ofrecían alimentos a fin de que los Menores Cocomes no carecieran de nada en el otro mundo, a donde se habían marchado.

Un hallazgo arqueológico comprueba lo antedicho. Se encontró un cráneo al que se le había cortado la coronilla; las órbitas estaban rellenas de estacas de madera y en el frente quedaban restos de argamasa pintada, con la que evidentemente se había tratado de reproducir el parecido del muerto. Por último se ha encontrado recientemente en el departamento de Quiché, la parte delantera de una calavera humana cubierta de una capa gruesa (2,5 cm) de mortero de cal, que había sido modelada imitando un rostro humano.

En una tumba que debe haber sido la sepultura de un personaje del más alto rango, a juzgar por la magnificencia de los objetos funerarios que le acompañaban, se encontró el esqueleto de un hombre que estaba tendido sobre la columna vertebral, con la cabeza en dirección al norte y ambos brazos apoyados sobre el hombro derecho. Junto a la cabeza se encontraba un soberbio vaso pintado de 22 cm. de alto. El color del fondo era un brillante rojo - con figuras dibujadas en negro y varios matices de amarillo. En torno a la parte superior, una hilera de jeroglíficos que declaran una fecha maya, aproximadamente 731 D.C. una hermosa composición pictórica que representa una ceremonia de mucha importancia celebrada en esos tiempos.

Esta misma tumba contenía otras vasijas policromas de igual belleza. En total había once piezas de cerámica, un plato de 35 cm. de diámetro, soberbio ejemplo de elegancia y dibujo magistral, con un pequeño agujero en el fondo, al parecer una "liberación ceremonial del espíritu", hecha en el plato en el momento del entierro para que pudiera acompañar a su dueño en su viaje al otro mundo.

Organización Social - Nuevo Imperio Maya.

Tenían una clase especial superior, los Almehenob, que eran familias reinantes con un jefe superior HALACH UINIC y otros jefes inferiores. Debían poseer conocimientos esotéricos que solo eran transmitidos verbalmente de padres a hijos.

Debajo de esta clase estaba la mayoría del pueblo - los maceguales - que realizaban todos los trabajos necesarios para la comunidad y para mantener a las clases privilegiadas y al culto, mediante tributos. Los esclavos (eran la clase inferior), indudablemente prisioneros que fueron reducidos a esclavitud.

En los últimos tiempos del Nuevo Imperio, eran reconocidas 19 entidades políticas distintas, de las que Chichen Itzá, Uxmal y Mazapán eran las principales.

Al frente de cada una de ellas estaba el HALACH UINIC cuyo cargo era hereditario por línea masculina. A su lado estaba el Sumo Sacerdote o Ahuacán que compartía con él las tareas de gobierno. Además, magistrados a cargo - de las ciudades, -los Batab- que en tiempos de paz ejercían el poder judicial y ejecutivo. En tiempos de guerra comandaban el contingente de guerreros de su jurisdicción. Había funcionarios inferiores, Ah Kule' o "delegados" que actuaban como ayudantes del Batab.

El Batab disponía de un consejo que estaba formado por varios Ah Cuch Cab o "regidores". Estos actuaban y votaban como los españoles en sus cabildos, y nada se podía hacer sin su consentimiento. Cada uno de ellos era jefe de un barrio, de una subdivisión de la ciudad.

Los pequeños pueblos o aldeas tenían un jefe de menor categoría -Hol-Pop - ("el que está a la cabeza de la estera"); la estera es también símbolo de gobierno. Sus funciones no eran claras, pero una de ellas era ser jefe de la Polpona (casa de los hombres) y encargado de los bailes e instrumentos musicales.

La última categoría de funcionarios era la de los tupües, una especie de policía cuya misión consistía en velar para que no fueran transgredidas las leyes.



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